Arturo soñaba con volar, se ubicaba horas y horas al lado del precipicio a observar el horizonte; veía los pájaros, las casas, los caballos, las vacas y mas que nada veía el cielo; estaba en 5º de primaria y quería ser aeronauta; en realidad Arturo volaba, en un mar de pensamientos y de nubes abullonadas, tranquilamente reposando en un cielo azul celeste, que alcanzaba casi la transparencia del mar, el veía los peces, las anguilas, delfines y anemonas volando por su mar que a la vez era su cielo. Era hora de despertar y de irse a hacer las tareas; la profe era muy querida y muy linda también, ella se había venido de la ciudad para enseñarle a los niños de la vereda, vivía en una casita aledaña a la escuela y les enseñaba: español, ciencias naturales y ciencias sociales, de vez en cuando los sacaba de excursión para mostrarles los diferentes tipos de plantas y arbolitos, todos esperaban ansiosos el día de la excursión y se ponían muy felices cuando la profe llegaba con sus botas pantaneras.
Sujeto y predicado, aj! Eso está difícil, dijo doña Marta, mijo ¿usted sí entiende eso? Claro má, es muy fácil, le dijo Arturo a doña Marta, es que la profesora nos explica muy bien, es que el sujeto es la persona o cosa que realiza la acción, y el predicado… – Mija, Arturo, hola- hay mijo, ¿como le fue en el cafetal? – pues bien será, aunque la cosecha está como que retrasada, se supone que era para los primeros días de Marzo, pero mirá que ¡ya estamos a 25 y nada! – ay mijo pues habrá que esperar – ¿y como va Arturo? – Hola pa!- de la habitación salió Arturo corriendo y saltó hacia su papá – pa! ¿Como le fue hoy?- pues bien mijo ¿y a usted en la esuela?- muy bién, estaba haciendo las tareas con mamá- Comieron y hablaron, Arturo terminó de hacer las tareas y se fue a acostar.
Volaba en su sueño de cielo purpura, los pájaros lo acompañaban y y hacía carreras con las gaviotas en el mar, que sólo conocía en sueños y por una revista que les había llevado la profe; los colores fuertes y vibrantes nunca se ausentaban de sus sueños y normalmente eran los que teñían su cielo infinito; siempre lo interrumpían cuando iba a llegar a la copa de una hermosa ceiba, era su mamá levantándolo para ir al colegio – Arturo, Arturo mijo levantese pues que va a llegar tarde – ay ma! Estaba soñando que volaba, ¡estaba volando!-.
La ducha con agua fría fue amortiguada por la agua panela bien caliente con quesito, la mamá le dio la bendición y salió; eran aproximadamente 3km desde la casa hasta la escuela de la vereda y siempre tenía que atravesar el potrero de don Ignacio para llegar a la carretera principal (todavía sin pavimentar) y seguirla hasta llegar, pero el potrero de don Ignacio era muy incómodo de atravesar, el señor se había ido a la ciudad hacia como 3 años y estaba totalmente descuidado, la maleza le tapaba las rodillas y siempre se llenaba de cadillos la sudadera, pero siempre encontraba especial el hecho de pasar por allí, ya que con una sola sacudida de su mano sobre la maleza, ¡hacia saltar a una nube de grillos! Y los pájaros dormidos salían volando de inmediato, era un espectáculo que a simple vista era muy trivial y común, pero que para Arturo era mágico, pájaros volando en libertad; definitivamente quería volar, su sueño era poder ir a la ciudad a estudiar aviación y ser todo un piloto profesional, había empezado a llenar un marranito con monedas de $500 que le quedaban de la devuelta de la lonchera, porque sabía que ser pilóto era muy caro; toda su afición había comenzado desde que el ejercito llegó a la vereda en un helicóptero para coger a unos guerrilleros que se estaban escondiendo en una finca abandonada, pero fue el piloto del helicóptero quien quedó grabado en su mente, las gafas, el uniforme y el casco con radio comunicador lo dejaron atónito y en ese preciso momento supo qué quería ser; llegó a la carretera y tras una buena caminada llegó a la escuela y permaneció allí hasta las 12:30, la profe les dijo: Mañana tenemos excursión niños, por favor traigan sus botas y refrigerio; las excursiones eran como una entrada a un mundo diferente y fantástico, un mundo verde, pero no verde del color de los uniformes de los militares sino un verde pasto, un verde árbol, un verde esperanza, en la inmensidad del bosque se aprendía siempre algo nuevo y al final del día el cansancio en sus ojos se reflejaba en los rostros de las mamás que iban a recogerlos; el día antes de la excursión llegó rápido a la casa para hacer tareas y pronto oscureció, el papá llegó, comieron y hablaron como lo hacían todas las noches, Arturo cansado se tiró a la cama, pero antes de que pudiera zambullirse en el mar de su imaginación y pudiera alejarse de toda la realidad, se escucharon unos tiros y una balacera inundó de ruido y humo la noche, el enfrentamiento duró por lo menos una hora y doña marta preocupada salió corriendo a la cama de Arturo –mamá estoy bien, esperemos – cuando cesó el fuego no se oyeron mas que los grillos y las botas corriendo a través de la noche, esa noche Arturo no pudo soñar.
Arturo se despertó y tomó su agua panela, el papá entró y dijo –mija tranquila que hay soldados en la carretera, ya todo pasó anoche- mijo mi dios me lo bendiga- Arturo salió y atravesó su patio para llegar al potrero de don Ignacio, pero ese día no habían pájaros ni grillos a los cuales hacer volar en el denso matorral, no pareció importarle mucho, ya que lo único que quería era llegar rápido para que la excursión comenzara, siguió caminando, ya se veía la carretera; faltando pocos metros para llegar a ella, lo que sucedió fue tan rápido que Arturo apenas pudo percibir un sonido ensordecedor y calor a su alrededor. Con sus pies había activado un artefacto explosivo clandestino, la explosión alertó a las personas que transitaban por la carretera pero Arturo no se dio cuenta de lo que en realidad le había ocurrido, solo veía el cielo y por un momento pensó verse montado en un jet de ultrasonido, pero ya no lo necesitaba, pues volaba como sus amigos los pájaros, volaba de verdad.




